* Palabras al Margen

Palabrasalmargen.com es un portal de opinión y análisis político donde queremos que confluya y se exprese la academia colombiana crítica y comprometida con la construcción de un país democrático, en el cual prime la justicia social, el respeto a los derechos humanos, la diversidad y la búsqueda de la paz.

“Y ustedes dicen: ¿Pero cómo podríamos combinar un amplio tejido de protección social y al  mismo tiempo acoger a todo el mundo? y nosotros miramos el suelo porque, hablando con franqueza, no tenemos una respuesta muy clara. Pero sabemos que un hombre nunca puede ser ilegal y que algo debe hacerse cuando los uniformes dispersan inseguridad y cuando la Ley se vuelve en contra de su propia población” [2].

En Suecia, como en Europa, las cuestiones de la inmigración, de la migración y de la situación de los sin-papeles tienen una amplia cobertura mediática. Estas problemáticas son tratadas en términos hostiles, calificando la presencia de los que buscan una mejor situación de vida en Europa como una amenaza al orden y a la seguridad. Se trata entonces de una Europa donde los ideales de proteger los derechos humanos y de construir – en principio – una comunidad sin fronteras han fracasado. Ahora, y contrario a los principios que la motivaban, esta Europa funciona como una combinación de prácticas opresivas promovidas por la UE y por cada uno de los Estados. El desarrollo de Europa en los últimos veinte años y específicamente de la manera en que su “exterioridad interna” – los sin-papeles, los gitanos, los inmigrantes, los fugitivos, los enfermos, los desempleados etc. – ha sido tratada, es muy criticada.  Esta cuestión es abordada frecuentemente como un problema para el cual hay que construir una serie de prácticas represivas, constituyéndose en un tema central de las problemáticas actuales de Europa. En el caso de los inmigrantes, la UE ha construido, por un lado, una serie de prácticas preventivas para que aquellos que buscan un lugar en Europa se queden en sus países de origen (o en el país más próximo a Europa) y, por otro lado, ha promovido prácticas represivas que llegan hasta la deportación con violencia de los sin-papeles.

Este es el mismo caso en Suecia, donde el debate sobre los sin-papeles ha tardado en llegar o no ha estado muy presente. En los medios de comunicación la problemática de los sin-papeles es presentada como la expresión de casos aislados, resultado de historias personales o a partir de cuestiones jurídicas complejas en las que se discute sobre el derecho de un sin-papeles de permanecer en Suecia cuando su vida está amenazada en el país de origen. Esto impide establecer conexiones entre las situaciones de los sin-papeles y el sistema social y las prácticas represivas que agudizan dichas problemáticas. Si los sin-papeles son expulsados de Suecia es generalmente para enviarlos  al país por el que entraron a Europa (por ejemplo Italia o Grecia), descargando en estos países la responsabilidad del trabajo “sucio” que Suecia y otros países del norte de Europa no quieren hacer. La cuestión se presenta entonces raramente como una problemática general y estructural, y sin tener en cuenta que ella está presente en todos los países que conforman la Unión Europea.
       
En Suecia, hasta este invierno, la tendencia general de los últimos años ha sido la de pensar el “inmigrante” de una manera próxima a las concepciones del partido de extrema derecha “Sverigedemokraterna”. En mayo de 2012, el Primer Ministro (del partido neo-liberal Moderaterna) culpó a los que no son “suecos étnicos en la mitad de la vida” – es decir los “inmigrantes” – del aumento de las tasas de desempleo, lo que constituiría un problema económico y, por consiguiente, un problema moral y político (una afirmación que las estadísticas desmienten). Frecuentemente en los debates han estado de acuerdo con la imagen de conspiración de Sverigedemokraterna al decir que hay un problema pendiente que el “establecimiento”  no osa tratar. Así, en octubre de 2012 hubo un debate por la televisión pública entre líderes de partido donde la pregunta fue “¿Cuánta inmigración puede aguantar Suecia?”

Pero en enero de este año las críticas se encienden y logran abrir un ataque contra la decadencia paulatina de las prácticas en contra de los inmigrantes. Es así que se exige una investigación escrupulosa sobre las vinculaciones entre la manera de abordar la problemática de los inmigrantes ilegales (con respecto a que se cuenta con muchos recursos para expulsarlos pero no para ayudarlos) y las prácticas y proyectos estatales que han surgido como respuesta y que se identifican, en su conjunto, con los proyectos de la UE y los Estados miembros. En diciembre de 2012 la revista antirracista y antifascista Re:public publicó un amplio reportaje sobre el “proyecto piloto” Reva, Rättssäkert och effektivt verkställighetsarbete (Ley de manejo justo y efectivo), que se ha puesto en marcha en Skåne (región de Malmö) desde 2009 y que se terminará en 2013 para luego ser aplicado por el propio Estado en todo el país. El objetivo con este “trabajo de mantenimiento del orden” es de “aumentar la efectividad y la seguridad jurídica con respecto a las expulsiones de los sin-papeles”. Reva es financiado por un fondo de la UE, Fondo Europeo para el Retorno, que asiste con recursos a países miembros en respecto a “retorno espontáneo”, “retorno forzado” y “retorno voluntario” [3].

En el reportaje de Re:public – y en un subsecuente debate que tuvo lugar en Malmö en enero de este año– se revela que la policía, presionada por una política de obtención de metas, se presenta en lugares donde está segura de lograr rápidos resultados. Es así que se han realizado controles en bodas, guarderías infantiles, bautismos, a las afueras de clínicas y de estaciones sanitarias y en centros comerciales. Los resultados obtenidos gracias a estas prácticas son visibles: en 2012 la policía de Stockholm – que integra sólo algunos de los nuevos métodos de Reva– expulsó a 2.154 personas en el departamento de Stockholm, lo que constituye un aumento de 19 % con respecto al año 2011 y 47% con respecto al año 2010[4].

Cuando la atención y la crítica a Reva aumentaba, se descubre que la policía de Stockholm, al comienzo de 2013, amenaza por primera vez con expulsar niños de 10 años nacidos en Suecia, de padres « sin-papeles » y que nunca han tenido otro « país de origen » que Suecia. Por la misma época, la policía empezó a realizar controles en el metro a sin-papeles “sospechosos”. Cuando se trazó el mapa de este tipo de prácticas, la policía tuvo que responder, y quedó demostrado, que no había un método judicial elaborado para buscar a los sin-papeles y que el trabajo se había desarrollado prácticamente sobre la base de perfilación racial. Los ministros responsables defendieron los métodos y el trabajo durante algunas semanas hasta que se dieron cuenta que no eran defendibles y que la práctica estatal rutinaria estaba en conflicto con otros principios de la democracia que protegen de la implementación de métodos propios de un Estado policial.  Luego de estos debates, los controles en el metro se acabaron y el caso de la expulsión de los niños se reinvestiga.

En este contexto una muy interesante contribución al debate fue escrita. El 13 de marzo el autor Jonas Hassen Khemiri publicó un artículo en Dagens Nyheter, el periódico más importante de Suecia (el artículo fue publicado más tarde en el NY Times), como respuesta al hecho de que el ministro de justicia Beatrice Ask había caracterizado las objeciones hechas a los métodos de la policía, y al hecho de que la policía trabajaba con perfilación racial, como simples “experiencias personales” de aquellos que hacían las críticas[5].

Khemiri escribe un correo abierto al ministro de justicia Ask y la invita a cambiar de piel con él para caminar durante un día y experimentar el tratamiento que él recibe de la parte de  vigilantes, policías y otros representantes del orden. Sin embargo no cambian de piel pero ella entra en él (y el lector también) y un “nosotros” empieza andar en el cuerpo de Khemiri – ahora común – desde la edad de 12 años como hijo de un padre del Magreb, con un nombre que suena a extranjero, hasta la vida adulta temprana. El correo, que habla directamente al ministro de justicia y que deja un “nosotros” paradójico hablar y existir en “nuestro cuerpo común”, desafía el mismo fundamento de las prácticas promovidas por el Reva – un desafío lanzado por una persona que corresponde con los rasgos que la policía ve y tiene en cuenta. El contraste entre el “yo” sensible, digno e inteligente que sin cesar se pone en entredicho, y las rutinas de la policía, hace que, escribe Khemiri, “sea imposible ser parte de la comunidad cuando el Poder constantemente presupone que se es un Otro.”

El “nosotros” de Khemini desafía los fundamentos del arreglo y las explicaciones cínicas que justifican Reva como racional y necesario – en la perspectiva de la policía se trata de adquirir mejor control de los sin-papeles como un paso en la lucha contra el crimen organizado. “Nosotros” respondemos: “sabemos que un hombre nunca puede ser ilegal y que algo debe hacerse cuando los uniformes dispersan inseguridad y cuando la Ley se vuelve en contra de su propia población”. Este “nosotros” se desarrolla en un diálogo ficticio con las explicaciones según las cuales, los controles en el metro son necesarios, las prueba, y empieza a configurar otros posibles. El diálogo gira sobre todo alrededor de un desacuerdo sobre lo que “la ley” significa. -Nosotros: “Reva es una extensión lógica de la represión constante de baja intensidad”; “La ley es ilegal”, la ley existe para los 10.000 a 35.000 sin-papeles en Suecia sin derechos a asistencia social, escuela y ciudadanía; “un hombre nunca puede ser ilegal”; no hay solución administrativa simple, pero podemos entender que “sin-papel” significa “ilegal” y que la prioridad dada a los suecos frente a los inmigrantes en el acceso a los servicios, significa mantener esta ilegalidad. La ley entonces es ilegal.

Esta escenificación política vuelve a un tipo de ordenamiento para desafiarlo, un ordenamiento que se ha desarrollado en un juego entre la UE y los países miembros. Esta escenificación desafía la manera en que Europa se ha desarrollado durante los últimos 20 años. El artículo desplaza los elementos supuestamente fijos de la situación y consolida la voz de este “nosotros” (en el que Khemiri ha integrado al ministro): “escribo “nosotros”, porque somos parte de este todo, de este cuerpo común, de este nosotros.” Así, no solo la ley es profundamente problematizada, también un “nosotros” así que el contraste suecos/inmigrantes revienta en las paradojas elocuentes del razonamiento y en las demonstraciones de las maneras absurdas en que las distinciones funcionan hoy en Suecia.

No pasó mucho tiempo antes de que las respuestas llegaran del lado liberal, más específicamente del ministro de justicia Ask. Ask admitió que se trató de “un texto fuerte” y que ella sabía lo que es racismo por haber tenido una experiencia como estudiante de intercambio, en donde vivió con una familia afroamericana en una vecindad pobre de un pueblo de Estados Unidos. Por otro lado, Jasek Semlinovic, del partido popular liberal, respondió interpretando el relato como la expresión de un resentimiento, señalando que Khemiri había sido ofendido y que esas casualidades, refiriéndose a la experiencia de Khemiri, se habían generalizado para convertirse en estructuras insuperables.

Un análisis de réplicas y de contra-réplicas no puede hacerse aquí, sin embargo hay que señalar que en el debate se trató de buscar un término medio entre el trabajo de la policía y el hecho de que sus prácticas no pueden estar basadas en perfilaciones raciales y cacerías de inmigrantes. Los comentarios sobre el artículo de Khemiri giran en torno a debates sobre el “racismo estructural”, de los métodos utilizados por la policía, y de si el ministro de justicia y el de inmigración deben ser obligados a demisionar o no. La apertura que el artículo de Khemiri provocó, en la que se conectan cuestiones que desafían el poder estatal y sus lógicas, iba rápidamente a cerrarse. Muchos parecen haber olvidado ese “nosotros” ficticio que puede hablar, ver, provocar la configuración de otros posibles y que con éxito desafió al ministro así como a los procedimientos estatales (que en ciertos casos fueron revocados y permitió las revisiones de métodos). Es así que de una disputa política, que desplazó realmente la perspectiva sobre lo que es posible, que redefinió lo que está en juego, que puso en evidencia los actores que hacen parte de esta situación, se pasó a un debate que redujo la discusión  a una manifestación de diferentes versiones competitivas de consenso:  la de izquierda, según la cual  todo el mundo debe “reconocer” el racismo estructural y discutir sobre el racismo; la de derecha, que afirma que la policía no puede continuar  con la práctica de perfilaciones raciales y que las cuestiones sobre los sin-papeles y la inmigración son cuestiones que se deben tratar solamente a través de los dispositivos del Estado y que no tiene una respuesta simple. Es así como nos encontramos frente a  dos maneras diferentes de reconducir la cuestión en términos y territorios fijos, para reformar en un mejor sentido las prácticas estatales, sin provocar discusiones que salgan del marco del Estado.

Pero la cuestión de los sin-papeles no va a desaparecer tan fácilmente y es de esperar que las protestas pongan en evidencia las nuevas técnicas y la necesidad de “eficacidad” que el Estado y la UE forjan. Probablemente los desafíos hechos a las leyes, en tanto que  formulaciones del poder,  van a volver. La polémica sobre lo que está en juego está abierta y la investigación sobre el actuar de la policía y la responsabilidad de los políticos está tomando fuerza.
 
Tal vez deberíamos decir “somos todos suecos étnicos!”. Las palabras, la polémica y el discurso directo a los ministros están todavía presentes. El equívoco que puede subvertir el poder va a circular y volver al ritmo en que las exigencias de ciudadanía y de una situación digna para los sin-papeles vuelvan a ser de actualidad. Aunque por ahora Reva continúe.

***

iReva – Ley de manejo justo y efectivo – es un “proyecto piloto” en Suecia desde 2009 que tiene como objetivo “aumentar la efectividad y la seguridad jurídica con respecto a las expulsiones de los sin-papeles”, lo que es concebido como “trabajo de mantenimiento del orden”. Reva es financiado por un fondo de UE, Fondo Europeo para el Retorno. El proyecto acabará su estatuto como proyecto piloto en 2013 y será integrado en las prácticas del Estado.[1]http://www.polisen.se/Aktuellt/Nyheter/Stockholm/jan-mars/Arbetet-med-REVA-paborjat-inom-granspolisavdelningen-Stockholm/
[2] http://www.dn.se/kultur-noje/basta-beatrice-ask
[3] http://www.migrationsverket.se/info/415.html
[4] http://www.polisen.se/Aktuellt/Nyheter/Stockholm/jan-mars/Arbetet-med-REVA-paborjat-inom-granspolisavdelningen-Stockholm/
[5] http://www.dn.se/kultur-noje/basta-beatrice-ask
http://www.nytimes.com/2013/04/21/opinion/sunday/swedens-closet-racists.html?pagewanted=all&_r=0