* Palabras al Margen

Palabrasalmargen.com es un portal de opinión y análisis político donde queremos que confluya y se exprese la academia colombiana crítica y comprometida con la construcción de un país democrático, en el cual prime la justicia social, el respeto a los derechos humanos, la diversidad y la búsqueda de la paz.

La propuesta de Huntington no fue el endurecimiento de la fuerza pública o la eliminación de canales de participación. En cambio Huntington propuso utilizar el lenguaje técnico y científico para convertir dominios de la vida democrática en el dominio de expertos. Mediante la implementación de un vocabulario técnico y científico, asuntos centrales de la vida de los ciudadanos, sobre los cuales existía poder democrático, habrían de convertirse en el dominio de expertos. De este modo, dice Huntington, se “anularían las reclamaciones democráticas de acceso al poder”. La autoridad experta sería un instrumento de propaganda.

Con el uso de este instrumento, como lo pone Jason Stanley, la autoridad epistémica de unos pocos se convierte en autoridad práctica sobre las masas. La retórica técnico-científica desplazó la deliberación democrática y la agencia de los ciudadanos. Mediante el discurso de experticia, el propagandista de la tecnocracia logra justificar su agenda a través del discurso técnico y salta así la deliberación democrática.

Y así ha sucedido. La ola de lenguaje administrativo en las campañas electorales estadounidenses es un claro ejemplo. Trump y Clinton se presentan como expertos en gerencia—sea en la política pública o en los negocios—. El lenguaje de la administración y la gerencia se ha tomado escenarios que antes pertenecían a la deliberación pública. El gobernador de Michigan, Rick Snyder, reemplazó alcaldes y consejos gubernamentales de varias ciudades por “administradores de emergencias”, supuestamente mejor equipados para manejar las crisis presupuestales del Estado. Una jugada claramente antidemocrática.

El problema suena inmediatamente familiar en el caso colombiano. Peñalosa es un “gerente capacitado”; ese ha sido su discurso desde hace tiempo. Esta posición de tecnócrata le ha permitido justificar decisiones que, para algunos, socavan el campo democrático de deliberación. El Plan Distrital de Desarrollo (PDD) está imbuido en un lenguaje de eficiencia y conocimiento gerencial y administrativo que sirvió, por ejemplo, para justificar las desmedidas facultades especiales que pedía el alcalde al comité del Concejo. Aún más, el PDD asume la autoridad de vender la ETB como una parte de las necesidades administrativas y gerenciales de la Ciudad. De este modo una jugada administrativa evade el canal genuinamente democrático.

Ahora, a toda Escila le acompaña Caribdis. La propaganda moldea la opinión pública, desviándola del encuentro y debate democrático. Y, del mismo modo, el experto ha sido utilizado exitosamente de manera diametralmente opuesta para la manipulación discursiva. En efecto, el uso del experto no se limita al planteamiento abstracto de una figura de autoridad. Recientemente, el resentimiento hacia el experto y el desprecio por la ciencia y la investigación han sido herramientas retóricas supremamente efectivas para la ejecución de discurso demagógico.

Michael Gove, el secretario de justicia del Reino Unido y el líder del movimiento en pro de la salida de ese país de la Unión Europea, llevó una campaña retórica contra la inmensa cantidad de expertos que vaticinan la caída de la libra y el mercado inglés. Hace unas semanas comparó a estos expertos con el régimen Nacional Socialista y en una entrevista aseguró que el “pueblo inglés está cansado de los expertos que nos dicen qué es lo mejor”. El desprecio por el experto se forjó a partir del desprecio por el extranjero: por aquellos que no conocen la realidad del inglés del día a día. Con ello, Gove y la campaña por el Brexit desarrollaron una retórica blindada en contra de todo argumento financiero, político y económico.

Aunque es temprano, parece evidente que los despreciados expertos tenían razón. La libra cayó vertiginosamente, los mercados se desplomaron y el panorama es oscuro. Sin embargo, independientemente de los resultados de la salida, la estrategia de Gove consistió en desplegar propaganda a partir de la figura del experto. Utilizó al experto como un núcleo que concentrara los afectos de las mayorías y con ello consiguió saltarse la deliberación y el encuentro democrático e informado. La retórica nacionalista se crea desde la postulación abstracta de enemigos, en este caso uno de ellos fue el experto.

Esta estrategia demagógica es similar a la ejercida por los republicanos en Estados Unidos para argumentar en contra de las políticas de mitigación del calentamiento global. El Senador de Oklahoma James Inhofe acusa a científicos ambientalistas de ser parte de una farsa tecnócrata. La postulación abstracta del experto manipulador permite la construcción de un discurso motivado por una agenda particular. Agenda que se aclara, por ejemplo, con el millón de dólares que Inhofe ha recibido exclusivamente de la industria del gas y el petróleo durante los últimos cinco años.

El rechazo a la retórica tecnócrata creó un mal análogo: una retórica de la ignorancia y la desinformación. Una vez el de demagogia tecnócrata deja de ser útil, su negación termina fácilmente siendo una herramienta propagandística. El demagogo es ciego al contenido de su discurso y quiere que su audiencia también lo sea. La lucha contra una forma fácilmente da lugar a la otra.

Lo cierto es que ambas estrategias, el experto que justifica la deferencia antidemocrática y el experto como enemigo, soslayan la autonomía de la audiencia. Sin autonomía deliberativa, la estrategia retórica es efectiva. El mayor obstáculo del demagogo es una audiencia comprometida e informada.

Aunque en Colombia hemos visto mucho de la primera estrategia y poco de la segunda, estemos atentos porque no somos ajenos a la creación de enemigos abstractos y a su terca e interesada crucifixión.