* Palabras al Margen

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El grupo propuesto por el parlamentario del Partido Socialista de Noruega, Heikki Eidsvoll Holmås, lo conforman además Jineth Bedoya, periodista y abanderada contra la violencia sexual; Constanza Turbay cuya familia fue asesinada por las FARC; Luz Marina Bernal, líder de las madres de los falsos positivos y Leyner Palacios, sobreviviente de la masacre de Bojayá. La polémica viene de la mano de Santos y Timochenko que también hacen parte del paquete. Pero la nominación al Nobel de Paz no es un trofeo para dos, es una retribución colectiva que recupera el criterio básico del premio, y da al país una llave simbólica para el camino del posconflicto.

Más allá de las pasiones virtuales que despiertan el Presidente y el comandante de las FARC, hay que valorar la nominación como un premio a la defensa del espacio histórico que merece la causa política de las víctimas. Quienes conforman el grupo, representan la historia de miles de personas que durante años, han transformado la tragedia en una herramienta de combate en la larga batalla contra la impunidad.

Este año el premio podría honrar su título y aplaudir la causa de la paz por encima de figuras que a veces pervierten su sentido. También podrían hacerlo quienes se apuntan a la guerra desde la oficina, de 8 a 5 en los foros de Internet. Hay que convencerse del merecimiento y apoyar al grupo de víctimas que están nominadas el Premio Nobel de Paz, porque es un trozo de nuestra historia la que queda inscrita para siempre; como menciona José en nuestra conversación, “nos lo merecemos porque estamos orgullosos de haber aportado un cambio trascendental para la historia del país”.

La firma de los Acuerdos de Paz está prevista para marzo de este año, justo cuando se cumplen 27 años del asesinato de mi padre. Resulta inquietante ver lo vigente que sigue su discurso enmarcado, como en aquel entonces, en un proceso de paz con las mismas banderas sobre la mesa. Sin embargo, me complace inmensamente ver hasta dónde ha llegado el legado de su historia, porque el camino ha sido largo, lento y doloroso. Yo confío en que esta vez el compromiso con la paz es en serio, a lo que mi hermano agrega antes de despedirnos, “nuestra presencia en La Habana ha dado pautas a los diálogos, significa que no pueden volver a traicionar la Historia”.