Maria Kakogianni

* Maria Kakogianni

Profesora de filosofía en la Universidad Paris 8. Entre sus publicaciones se encuentran Entretien platonicien, A. Badiou - M. Kakogianni (Lignes, 2015) y De la victimisation (L’Harmattan, 2012). También ha contribuido a la edición del libro colectivo Le Symptôma grec (Lignes, 2014)

Hegel menciona en alguna parte que todos los grandes acontecimientos y personajes de la historia universal aparecen, para decirlo así, dos veces. Pero se olvidó agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa.

— Marx, Le 18 Brumaire de Louis Bonaparte

Durante 2011, los movimientos de ocupación de plazas han opuesto una violencia simbólica a la impostura de la democracia liberal en el momento que, en nombre de “programas de salvamento”, los mercados anónimos y sus instituciones acrónimas (FMI, BCE, etc.) dictan a los parlamentos nacionales sus elecciones obligatorias con un conjunto de medidas anticonstitucionales, suspendiendo las convenciones colectivas, etc. En noviembre de 2011, el primer ministro griego, G. Papandreu, anunció un referéndum como un gesto que buscó hacer aceptar un nuevo memorándum. Dicho de otra manera, su llamada a la democracia no fue sino una maniobra al servicio de la imposición: “No hay alternativa” (la famosa fórmula de Thatcher TINA [There Is No Alternative]). Conocemos lo que sigue después, el referéndum no se organizó y el gobierno de Papandreu dejó su puesto a un gobierno de unión nacional con un banquero como primer ministro

El primer referéndum parece entonces corresponder al momento de la farsa, la cuestión es saber en qué medida la repetición de la historia hoy, con el referéndum reciente del 5 de julio corresponderá, de manera retrospectiva, a un momento de tragedia: la desilusión trágica, de nuevo, de una “nueva izquierda”, la misma que hoy parece surgir en el espacio europeo (Podemos es otro ejemplo). De pronto, más allá de la tragedia, solo la vía de la comedia puede dar cuerpo a un osmosis fecundo, capaz de inscribirse en la duración, entre la lógica autónoma de movimientos populares recientes y el juego institucional de poderes.

El horizonte político dentro del cual naveguamos desde los años 80 es el dogma neoliberal de “TINA” y ese famoso “fin de la historia”. Decir que naveguamos es una expresión mal elegida, hay de pronto que hablar de naufragio. Como lo sugiere una canción popular griega, ir a lo desconocido necesita un barco que se llama esperanza. Ahora bien, el panorama que hemos heredado es el de la desintegración de la hipótesis comunista, de las pesadillas del totalitarismo, del fracaso ideológico de las vanguardias y aún más radicalmente de toda esperanza de “cambiar el mundo”. Los gobiernos socialistas del tipo Mitterrand o A. Papandreu (el padre de G. Papandreu), a comienzos de los años 80, han contribuido a la liquidación final de los sueños de cambio y al insomnio político de los tiempos presentes. Así, el pensamiento y la acción política radical han desarrollado reflejos de una extrema desconfianza hacia la izquierda institucional percibiendo en su cara una impostura estructural del capitalo-parlamentarismo.

Aparentemente, el fin de la Historia anunciado en 1989 no ha durado mucho tiempo1. A partir de 2008, en varios lugares del mundo, revientan protestas masivas y movimientos insurreccionales. Después de un periodo atonal de más o menos 40 años, una nueva secuencia parece abrirse para los movimientos populares de emancipación. Y es en este marco que viene a formarse la hipótesis de una “nueva izquierda”, soportada por los partidos políticos de un tipo nuevo2.

De alguna manera, es aquí donde el escándalo empieza. Y es aquí donde se jugará lo trágico o la fuerza cómica del momento presente. Una nueva izquierda se forma “después” de los movimientos –como un tipo de retaguardia a la inversa de la vieja concepción del partido como vanguardia organizada– que desde las cenizas de la rebelión intenta organizar el “día después” reivindicando el poder del Estado. ¿En qué medida la historia no repetirá una nueva traición con respecto a los movimientos populares, haciendo triunfar la representación contra la inmanencia de la emancipación? El caso parece en efecto escandaloso, en la medida sobre todo en que se inscribe a contracorriente con respecto a los dos motivos fundamentales del pensamiento subversivo de nuestro presente:

1) La desconfianza, aún el odio, de estructuras verticales (partido, sindicato), las reservas frente a todo tipo de dirección de masas, y el imperativo categórico estipulando la horizontalidad a todo precio;

2) La aceptación de que el poder no pertenece al Estado, que dejó de estar en las manos de los que gobiernan.

La combinación de los dos nos da las coordenados del escándalo. ¿Cómo una izquierda puede articular una fidelidad a los movimientos populares de democracia directa con la reivindicación del poder de Estado para cambiar las cosas? ¿Para al menos tratar de hacer una negociación con aquellos que no aparecen pero gobiernan?

En 1972, Foucault formuló esta cuestión del poder como íntimamente ligada a la búsqueda de nuevas formas de lucha:

“Esta dificultad, nuestra dificultad para encontrar las formas de lucha adecuadas, ¿no proviene de que ignoramos todavía en qué consiste el poder?… La teoría del Estado, el análisis tradicional de los aparatos de Estado sin duda no agotan el campo del ejercicio y del funcionamiento del poder. La gran incógnita actualmente es : ¿quién ejerce el poder? y ¿dónde lo ejerce? Actualmente sabemos más o menos quién explota, a dónde va el provecho, entre qué manos pasa y dónde se invierte, mientras que el poder… Sabemos bien que no son los gobernantes quienes detentan el poder”3.

Antes del anuncio del referéndum, el ministro de economía Y. Varoufakis no ha dudado, en un artículo publicado en Irish Times, poner en palabras, en tanto que representante de un gobierno elegido, lo que los anónimos murmuran a menudo en las calles: la parodia de “negociación”, en la medida en que es unilateral, entre los representantes elegidos y los expertos no elegidos de las instituciones.

De pronto el comentario más elocuente de un ministro de finanzas en esta reunión fue el de Michael Noonan. Protestó que los ministros no habían estado al tanto de la propuesta de las instituciones a mi gobierno antes de participar en las discusiones. A su protesta, quiero agregar la mía: No se me permitió compartir con el Señor Noonan, o con cualquier ministro de finanzas, nuestras propuestas escritas. […] La zona euro se mueve de una forma misteriosa. Decisiones trascendentales son selladas por ministros de finanzas que permanecen en la oscuridad de los detalles, mientras que los funcionarios no electos de las instituciones poderosas están encerrados en negociaciones unilaterales con un gobierno solitario en apuros4.

Las palabras de Varoufakis parecen una improvisación de otro Brighella, uno de los personajes típicos de la commedia dell’arte. Su nombre significa pelea, es un servidor infiel. En condiciones “normales”, estas no son cosas que se dicen “por arriba”.

Sabemos ahora que, bajo presión, el gobierno de Syriza ha aceptado un nuevo memorándum, y el día siguiente uno aún peor, y después otro de nuevo. La “negociación” ha estallado a causa de los acreedores, a pesar de los compromisos del gobierno griego más allá de sus promesas electorales. Los acreedores están buscando ante todo la humillación política de la “nueva izquierda”.

Con su referéndum, G. Papandreu quería coronar la vía única y la ausencia de alternativas. Tsipras parece haber querido defender la posibilidad de otra vía. Ahora bien, el deber de la izquierda no es tomar el relevo de los movimientos populares y proponerse como una nueva excavadora, se trata más bien de no sacrificar una nueva esperanza que surge tímidamente en el altar de su deseo narcisista de mantenerse en el poder. O para decirlo de otra manera, con otra canción popular griega, el camino siempre ha tenido su historia. La “nueva izquierda” puede participar en esto y jugar su papel si, en caso de elegir entre una ruptura con los movimientos populares o una caída del gobierno, preferirá siempre la segunda opción.

La concepción tradicional de izquierda fue respaldada por una metafísica del poder del Estado: cierto, existen varias formas y relaciones de poder pero el poder del Estado no es sólo una forma entre otras5. Por eso era importante para la izquierda no solamente que pudiera acceder al poder sino permanecer con él el mayor tiempo posible (hasta cambiar o destruir el aparato del Estado). En la medida en que la “nueva izquierda” sea fiel a la metafísica del poder del Estado con la promesa de que se las arreglarán para cambiar las cosas, cambiando las luchas populares por negociaciones institucionales exitosas… se expondrá sin cesar a una nueva desilusión. Tarde o temprano, la gente nuevamente va a retirar su confianza y entonces volveremos masivamente a la melancolía, a las explosiones de rabia y a la política minoritaria de los pequeños espacios alternativos. El reciente referéndum no era el fruto de una planificación en el marco de la negociación, era una improvisación que las circunstancias han impuesto para que la commedia dell’arte pueda continuar con sus instituciones y su “democracia”, prosiguiendo el combate de lo simbólico que los movimientos de plazas han abierto.

Quizá la elección más radical es la que rechaza las coordenadas de la elección forzada entre auto-organización “por abajo” o política del Estado. El artículo de Varoufakis hace visible el poder de los expertos no elegidos para dirigir negociaciones unilaterales. Si el poder es esta cosa enigmática, a la vez visible e invisible, en todas partes y en ninguna, el Estado es uno de los lugares a ocupar entre otros, en una estrategia para prolongar no la ocupación misma sino lo que hace posible. La gran secuencia precedente de luchas populares cerró su círculo con una crítica radical de las estructuras organizativas verticales, que habían llegado al punto de ahogar, a menudo en sangre, cada fenómeno horizontal que no tenía la “buena forma” prevista por la lección emancipadora. Tal vez el nuevo periodo se abrirá sólo en la medida en que escapemos a este imperativo categórico de horizontalidad a cualquier precio. Sin que esto signifique la restauración de la metafísica del Estado.

De alguna manera es aquí, entre la democracia “real” de los movimientos de plazas y la comedia de la “democracia” institucional… que la emancipación, en tanto que procedimiento subjetivo, puede inventar una nueva duración. La tragedia es que esperábamos de la “nueva izquierda” que nos salvara de nuestros salvadores. La otra vía no es una carrera de velocidad sino un combate de larga distancia.


 Este artículo ha sido publicado en Grecia en el siguiente link: http://rednotebook.gr/2015/07/i-istoria-pou-epanalamvanete-i-komentia-ntel-arte-ke-i-aristera-tis-marias-kakogianni/

  1. En 2008, mientras que las rebeliones de Atenas se propagaron en todas las ciudades griegas, en las calles de Tesalónica los manifestantes retomaron en coral: “Fukuyama escucha bien, la historia se escribe ahora, aquí, de nuevo”.
  2. Ver por ejemplo C. Douzinas, “La résistance, la philosophie et la gauche”, Le symptôma grec, Lignes, 2014.
  3. M. Foucault, Les intellectuels et le pouvoir (entrevista con G. Deleuze), Dits et Ecrits I (1954-1975), Gallimard, 2001, pp. 1180-1181.
  4. http://www.irishtimes.com/opinion/yanis-varoufakis-a-pressing-question-for-ireland-before-monday-s-meeting-on-greece-1.2256339 (subrayo yo). En inglés: “Perhaps the most telling remark by any finance minister in that meeting came from Michael Noonan. He protested that ministers had not been made privy to the institutions’ proposal to my government before being asked to participate in the discussion. To his protest, I wish to add my own: I was not allowed to share with Mr Noonan, or indeed with any other finance minister, our written proposals. (…) The euro zone moves in a mysterious way. Momentous decisions are rubber- stamped by finance ministers who remain in the dark on the details, while unelected officials of mighty institutions are locked into one-sided negotiations with a solitary government-in-distress.”
  5. Su lógica recuerda las categorías de Aristóteles que podríamos traducir de esta manera: el ser se dice de varias maneras pero la esencia o la sustancia no es solamente una categoría entre otras. Sobre la concepción tradicional de izquierda, citamos como ejemplo D. Bensaïd: “Cierto, hay una pluralidad de relaciones de poder, pero el poder político concentrado en el Estado no es uno cualquiera entre otros.” (D. Bensaïd, Penser Agir, Paris, Nouvelles Editions Lignes, 2008, p. 313).